Sunday, September 17, 2006




Albor multimedia


“¡De manera que nada de boca!
Nada de boca,
ni de lengua,
ni de dientes,
ni de laringe,
ni de esófago,
ni de vientre, ni de ano.
Yo reconstruiré al hombre que soy”
Antonin Artaud
Fragmentos

En un extraño texto titulado Antonin Artaud: dessins et portraits, del cual yo tengo una traducción norteamericana, Paule Thévenin explica el proceso creativo de Artaud y, para sorpresa del lector, empieza por narrar su acercamiento a la pintura. Artaud fue en el inicio de su vida un diestro dibujante a la par de ser siempre un pensador profundo, esto fascino a todo aquel humano sensible que se topara con el extraño personaje. A la edad de 22 años empezó a pintar mientras era un interno en la clínica del doctor Dardel. Regaló un par de dibujos y conservó otros, fue tal la impresión que causó en los favorecidos por sus regalos que Rette Elmer guardó un óleo de Artaud por el resto de su vida, este óleo ahora es parte de la colección general de obras de Artaud bajo el resguardo de la misma Paule Thévenin.
Con motivo de pensar la pintura Artaud emprendió lo que seria un largo trayecto de reflexión artística y anota: “The subject matters little, like the object. What matters is the expression, not the expression of the object, but of a certain ideal of the artist, of a certain sum of humanity expressed in colors and lines.” Thévenin nos va mostrando lentamente a partir de muchas citas la reflexión pictórica de Artaud y como esa reflexión va tomando una forma distinta. En su famoso libro El Teatro y su Doble Artaud en su segundo capítulo nos describe minuciosamente una pintura del medioevo europeo Las hijas de Lot. En ésta el francés percibe una suma de elementos que sólo pueden provocar la fiebre en los espectadores, pues la pintura consta de simbolismos que obligan a pensar los temas más hondos del hombre, su relación con Dios, así con las fuerzas de la naturaleza, para oídos más ilustrados. Las emociones se desparraman en el cuadro en forma apocalíptica, una ciudad se incendia atrás mientras Lot en primer plano coquetea con sus hijas y otras mujeres que llevan a cabo actividades de varones. A partir de esta descripción Artaud regaña al teatro y lo conmina a apropiarse de su verdadero lenguaje, el cual no necesita a la palabra.
Se suele hablar de esta lejanía que Artaud quiere promover entre teatro y palabra, pocas veces se entiende su naturaleza. El críptico y potente fragmento que precede a este texto es una pieza fundamental para ver a Artaud desde dentro. Thévenin propone que Artaud entro al teatro por la pintura y, sencillamente porque quiso darle movimiento a la pintura. Aunque ya dentro del teatro, tras haber sido actor para importantes obras del Paris de los veintes y también actor para películas de los veintes y treintas, Artaud le da al teatro algo más que el status poético de obras pictóricas con movimiento. Artaud concibe al teatro como lo más cercano a un evento entre humanos presentes que busca adentrarse a la metafísica de los asistentes. Como dice Foucault: “...Freud y Artaud se ignoran y resuenan entre sí.” [Theatrum Philosophicum] Es importante entender la diferencia entre terapia y arte, empero las líneas que unifican bajo el mismo sello a estas actividades son innegables. Ese sello siendo la profundidad, en el mejor de los casos, o la charlatanería en otros. Artaud comienza con la intención de cambiar a su sociedad desde el arte; la propuesta surrealista de revolución artística, aunque tras presidir el Buró de Investigaciones Surrealistas por poco más de un año, encuentra el compromiso de ese grupo fincado en ilusiones y anhelos despreciables. La revolución de Artaud a penas se definía, y en esa definición encuentra que la revolución empieza por el formato mismo del teatro. El siglo XX y las concepciones artísticas durante ese lapso erigidas han ido por cauces muy diversos, Artaud marca un antes y un después en las artes escénicas. Innovaciones como la “performance” sólo son explicables tras la propuesta del Teatro de la Crueldad. Antonin Artaud busca desde la teoría justificar la importancia de las vanguardias en el arte escénico. Poner en cuestión a la palabra, la dictadura de la palabra en la escena se enuncia para ser derrocada desde la escena. ¿Qué es lo teatral? La dictadura de la forma sólo puede ser vencida en escena. La dictadura del autor sólo puede ser vencida en escena. El teatro sólo puede reconstruirse desprendiéndose de los órganos que le componen: su boca, su esófago, su sexo, su ano. Esta metáfora señala la posibilidad que se tiene dentro del arte, que en el ámbito del cuerpo suena arrogante y delirante, pero en el arte es cierta; el artista sí tiene ese poder, esa fuerza libertaria e innegable a un explorador verídico de las formas expresivas.

No podemos seguir prostituyendo la idea de teatro, que tiene un único valor: su relación atroz y mágica con la realidad y el peligro. [primera frase]

En vez de insistir en textos que se consideran definitivos y sagrados importa ante todo romper la sujeción del teatro al texto, y recobrar la noción de una especie de lenguaje único a medio camino entre el gesto y el pensamiento.[tercera frase]

1er Manifiesto del Teatro de la Crueldad, Antonin Artaud

Artaud sitúa su importante andar en el teatro, antes que nada, hacia una actualización del concepto teatro, el cual reconstruye al relacionarlo con la realidad y el peligro. Con este trazo estratégico Artaud se abalanza a un terreno definido erróneamente y plantea la necesidad de volver el rostro, la cabeza y todo el cuerpo, hacia esta actividad. Primeramente una revisión del “lenguaje teatral”. Se busca un lenguaje único a medio camino entre el gesto y el pensamiento; al leer ésto nos aparecen inmediatamente formas escénicas que hemos visto en el transcurso de nuestra vida, desde el mimo, hasta la danza-teatro de Pina Bausch, pasando por la danza butoh. Artaud es un iniciador teórico de estos eventos. La reevaluación de los lenguajes artísticos fue un proceso del las llamadas vanguardias, el teatro ha sido de las artes más estáticas en la historia, quizá por su formato “repetidor” y “sujeto a texto”. En diciembre de 1922 Artaud actuó en una puesta en escena de Antígona, dirigida por Charles Dullin en el teatro Atelier en Montmartre. El texto fue adaptado por Jean Cocteau, la escenografía estuvo a cargo de Pablo Picasso, los vestuarios creados por Coco Chanel y la música compuesta y ejecutada por Arthur Honegger. La posibilidad de reinventar el teatro y sus formas estaba a la par que la reinterpretación de la pintura, el arte más veloz en su profundo cuestionamiento, pero no se dio. Los sesentas fueron el escenario de un verdadero cambio en los lenguajes, incluso la danza dio sus primeros pasos antes que el teatro, el mismo Artaud constreñido por su situación económica monto una obra que fue teatro convencional. Sus escritos son mucho más sugerentes que sus hechos, y así ha pasado a la historia del teatro y del arte: un escritor. Un escritor que quiere romper con la escritura. Para cualquiera que haya leído El Pesa-Nervios, Van Gogh el suicidado por la sociedad o Para acabar con el juicio de Dios, le quedará claro que Artaud no quiere ser sumado a la larga pila del libros de la literatura universal, él busca otra cosa, más profunda o más personal. Albor del multimedia, ese era el luminoso sueño de Artaud, y con esto no me refiero a un complejo uso de luces sincronizados con videos que son acompañados por música en vivo, me refiero a la seriedad artística de buscar en los lenguajes, de no conformarse con hacer lo que se hace o presentar algo bien hecho en términos clásicos. “Pues tanto la alquimia como el teatro son artes visuales, por así decirlo, que no llevan en sí mismas ni sus fines ni su realidad” [Teatro y su Doble, Pág. 53.]Antonin Artaud presenta una poética normativa en la cual conmina al creador a comprometerse realmente con su producción, y en ese sentido no conformarse con lo que la educación artística prescribe sino adentrarse dentro de los ritmos y tonos para encontrarse y llevar esa ruptura que nuestra civilización ha cesado en múltiples ocasiones, no sólo somos palabra y parecemos olvidarlo hasta la intoxicación. Centralizar nuestra conciencia a pesar de nuestro cuerpo multicelular y de centrar nuestras esperanzas en el lenguaje alfabético y fonético a pesar de nuestra imposible diferencia, es un síntoma de la desesperación de nuestra vida corpórea. ¿Y los verdaderos significados? ¿Meramente títeres de la necesidad, eso es lo que somos? La búsqueda por cimentar una libertad profunda y duradera vendrá de nuestra capacidad de cuestionar los formatos, los cuales, al menos para Artaud, desvelan fondos.