Sunday, April 08, 2007




Jerusalén, Israel, domingo 8 de abril 2007



Hoy concluye el pesaj, la temporada en la que se conmemora cuando, guiados por Moisés, los judíos huyen de Egipto en donde construyeron, en condición de esclavos despreciables, las pirámides de Giza (se relata en el “Éxodo”). En Tel Aviv apenas se empieza a cocinar pan, y a expedir cerveza. Todo aquello que contenga levadura es nocivo en el recuerdo de Moisés. Al recordarlo se le acompaña. Por suerte para mí, toda la gente que estoy conociendo son anti-pesaj, o sea, israelitas liberales, incluso anti ortodoxos, por lo que como pan y tomo cerveza sin mayor problema. Ayer fue un día particularmente intenso por que entré a Jerusalén para presenciar el domingo santo. La iglesia del “santo sepulcro” se construyó en donde Cristo fue crucificado, y contiene la piedra donde lo “recostaron” al descender de la cruz, y la caverna donde lo sepultaron. La piedra es frotada con devoción implacable por rusos ortodoxos, mexicanos católicos y egipcios coptos, además de armenios. El santo sepulcro es donde lo sepultaron y alberga un vertiginoso embudo humano del que emana un sonido babélico. La misa que se efectuaba en el recinto me invito a videarla, pues es un cristianismo que no reconozco. Los trajes de los sacerdotes, o como quiera que se llamen, combina perfecto con las cabezas cubiertas de las mujeres que tapizan el lugar. Telas de todos colores, muchas mujeres son señoras rubias, alemanas o rusas, y muchas también son de cabello oscuro, árabes o latinoamericanas. Al salir del edificio veo una mezquita que esta codo a codo con la iglesia. Minutos después el altavoz de dicho edificio se hizo sonar: “Alá akbar, akbar Alá” (Alá es grande, grande es Alá). Caminando entre turistas religiosos y gatos callejeros, de los cuales hay miles, se percibe una devoción cosmopolita, todos adoran algo. Al entrar a the jewish quarter los judíos ortodoxos empiezan a aparecer, vestidos de negro, con largos caireles y normalmente muchos hijos. Todos usan lentes, todos, pues como no tienen permitido mezclarse con otras razas para procrearse se ha deteriorado su calidad genética tremendamente. ¿Suena ortodoxo o qué? De hecho el estado los mantiene y se dedican a estudiar los libros sagrados, encarnan una cuestión muy contradictoria. ¿Estado laico o no? ¿Cuál es la liga del estado democrático con la religión en el contexto de Medio Oriente? O, de otra manera lo mismo, ¿cuál es el fundamento del Estado israelí?



Epílogo

Viven en un estado de excepción desde siempre, por lo que se vive de otra manera. Al borde de la guerra y al borde de la muerte, pero al borde de rockear y al borde de tirarse al sol en la gran playa de Tel Aviv. Nunca el Carpe Diem o Noctem se vio tan a la vanguardia. En Europa se sabe que Israel es judío pero también se sabe que es una meca del trance, los raves son parte de la cultura y Tel Aviv tiene una vida nocturna comparable a La Habana. Además, el mar Mediterráneo, con sus milenios de choque cultural ha generado una gente dura, que, al menos, pretende saber lo que quiere y despacha rápido. Aunado a que nunca sabes si las seis horas en camión que separan Jerusalén de Teherán te salvarán de una, ya anunciada, bomba nuclear, o si las mismas seis horas que separan Jerusalén de Londres traerán finalmente a Madonna al teatro de la ciudad. Tel Aviv es, desde Londres hasta Beijing, la tercera ciudad más importante del mundo y la gente que la habita lo sabe. Las definiciones políticas de Israel hacen eco hasta Vladivostok. Te mando un abrazo desde el encuentro de lo milenario, desde el nido de viejos problemas y la casa de la actualidad.

Tu amigo, Adrián Pascoe.

Wednesday, April 04, 2007



Mar Muerto, frontera de Israel y Jordania, miércoles 4 de abril 2007



Salimos de Tel Aviv al medio día pues llegué a las 4 am de Barcelona y tanto mi anfitriona Laila, como su pareja Shlomo y una viajera sueca, estaban desmañanados. Empezamos a dejar la urbanidad y nos topamos con la humedad sombría de un bosque de coníferas que rodea a Tel Aviv. Shlomo me contó que el bosque tiene apenas quince años de vida, y es “una obra maestra de la ingeniería botánica” me dijo orgulloso. Yo empecé a comprender la fuerza que tiene, en un desierto, la tecnología del riego por goteo. Una hora y media después pasamos a un costado de Jerusalén y en veinte más ya habíamos llegado al Mar Muerto: el final de Israel. El lago salado se encuentra a 400 metros bajo el nivel del mar, y las orejas se te tapan de lo lindo al llegar. La amiga sueca no dejaba de mascar chicles, envolvía el chicle viejo en el papelito y abría otro; minutos después hacia lo mismo. Al llegar a la costa balneario descubrimos que la gente se cubría con lodo y se tiraba a secar al sol todos pintados de lodo negro. “Es bueno pa’ la piel” me dijo Laila. Me acerqué a la orilla del agua, donde un lodo suave y oscuro tocaba el mar salado. El agua estaba fría pero me adentré. Mis pies se hundieron en el lodo. Avancé hasta que el agua me cubrió el ombligo. Para nadar necesitas sumergirte y en esta agua no puedes sumergirte. “¡A chinga!” fingí sentarme en una silla, el agua me volteó, luego me acosté. Me volteó otra vez, en todas las posiciones el agua me volteaba y me trataba de ahogar. Hasta que intenté con la flor de loto, una postura meditativa que me dio la mayor estabilidad en esta agua extraña. De un lado del Mar Jordania, una república monárquica, capitalista e islámica. Del otro lado Cisjordania, la franja Palestina de Israel. Al salir del lago el agua me jugo una broma y finalmente probé el sabor de aquél maravilloso líquido: sabe a mar muerto. Aún esta agua insólita me dejó la piel como nunca la he visto, hidratada y tersa. Al atardecer empezamos el regreso a Tel Aviv, pero una carpa rojo sangre nos hipnotizó. Los beduinos que atendían nos regalaron de entrada un té de hierbabuena, nos quitamos los zapatos y nos acomodamos en los cojines sobre un entramado de alfombras. El tabule, jocoque y el favorito humus no se hicieron esperar. Nunca estimé tanto al garbanzo, grano poderoso, el símil del maíz en América. Dejé de extrañar la comida mexicana que en España me hizo tanta falta. Tú sabes de mi afición por los tlacoyos de requesón. En Medio Oriente se come espectacular, sean judíos, palestinos, beduinos, o saudíes los que cocinen.

Tuesday, April 03, 2007



Barcelona, España, martes 3 de abril 2007



Soy un mal amigo y no te he escrito desde hace meses, pero me muero por contarte las impresiones que me dejó el viaje a Medio Oriente, al Medio Oriente sionista. Al llegar al aeropuerto de Barcelona, con pocos minutos de sobra, corrí hasta encontrar a la aerolínea de bajo costo Israelí. Resulta que previo al check-in había un filtro de seguridad, agentes israelíes les hacían a todos “preguntas de rutina”. A un agente argentino-israelí de la MOSAD, que fue amable aún cuando me confesaba “che, disculpa, pero si no compruebas el motivo de tu visita a Israel no te voy a dejar subir al avión, somos un país en guerra”. Le dije “voy a visitar a una amiga mexicana israelí”. Me pidió el nombre y un breve historial de mi relación con ella, dónde nos conocimos, porqué, qué hace ahora, qué hago yo. Me pregunto si ella era judía, dudé un poco pues los términos se me amontonaban en la cabeza (judío, árabe, israelí, palestino, sionista, hebreo) le dije: sí, aunque creo que es atea. El agente me miro del lado y sonrió “todos somos ateos” me dijo. Me pidió su teléfono y le llamo a su celular de Tel Aviv, frente a mí, y contrastó los datos que le di con los datos que ella le dio en hebreo. Incluso me la pasó un segundo y ella me alcanzo a decir “¿ya te están interrogando? Bienvenido a Israel.” Colgué y mientras le devolvía el teléfono al agente me pregunto: “¿Porqué llevas un mes en España?” y nunca pensé que fuera tan complicado responder. “Estuve de gira presentando una obra de teatro.” le respondí. “¿Tenés algún recibo para comprobar eso?” “No, es una compañía de teatro pequeña y hasta pobre, la verdad no se maneja el dinero así…” Su superior, un hombre de unos sesenta años, cano y de piel muy roja, movió su cabeza en signo de no. “No vas a subir al avión si no comprobamos tu primer mes en España, lo siento, mira yo viví en México y quiero mucho a su gente pero necesitamos recibos o fotos, video, propaganda o algo que me compruebe esa versión.” Yo traía una Nikon de rollo, en su foto número 21, y había dejado toda mi papelería en Madrid. Jamás pensé llevar propaganda para un agente de seguridad. Pero la globalización vino en mí ayuda. “Porqué no revisas en internet las páginas de los teatros, todavía debe estar la programación de este fin de semana.” Tras cuarenta minutos de explicaciones, me dio acceso, al vuelo Barcelona-Tel Aviv. Funcionó.
Recién había concluido el ensayo “Contra el fanatismo”, de Amos Oz, que narra parte de su infancia y ya sabía que Tel significaba “monte”, mi primera incursión en una lengua muerta y resucitada. La tripulación del avión se componía de rusos, argentinos y gente de aspecto árabe moderno, que lentamente me percate eran los israelíes más comunes. Una árabe gordita coqueta se acercó y me dijo algo como “minij ibrit?” (¿Hablas hebreo?) A lo que respondí: Mm, no. Ese sería mi primer acercamiento a la cultura mediterránea hebrea. Tel Aviv la ciudad más liberal de Medio Oriente y también la más moderna, aún, tiene un aire a pueblo. La puedes recorrer caminando en una hora de amable caminata, pasar por la zonas chic colmadas de Bauhaus (hasta la UNESCO se lo reconoció) y por la zonas de migración sudasiática, hay una enorme comunidad de Bangladesh cerca de la estación de autobuses central (aún más fea y complicada que la Tapo). La playa de Tel Aviv es una de su grandes atracciones, las guapas y voluptuosas israelitas a un lado de los muy varoniles y peludos compañeros son el panorama del día, bikinis y ese curioso juego de playa que consta de dos raquetas de madera y una pelota, cuyo duro pak pak inunda toda la playa.